Para aquellos para quienes el ómnibus es herramienta (casi como un mal) necesaria para llegar al trabajo, somos "víctimas" de una serie de pequeños avatares. Todas las mañanas, emprendemos la "carrera" hacia el trabajo. Algunas veces, dependiendo la hora, el ómnibus no para porque simplemente "está lleno", y cuando vemos, un poco desesperanzados pasar el mismo, podemos constatar que no estaba tan lleno, sino que la gente se "apelotona" en la primera mitad del mismo. Esa es una interesante falta de sentido común, porque bien esa misma gente puede pensar que uno de ellos mismos podría ser uno de esos desgraciados que ve pasar el ómnibus, sin ni siquiera hacer un "simulacro" de parar.
Argumentos he escuchado: "Qué pongan más ómnibus, no tenemos que ir apretados como ganado". Sí, es cierto, pero al mismo tiempo, "justos no tienen que pagar por pecadores". Sino más bien, ayudarnos entre nos, e igual plantear la protesta que incrementen la cantidad de unidades u otra solución.
Otra cosa que, en los últimos tiempos se está dando mucho, es los pasajeros con mochilas. Práctico implemento por cierto (personalmente uso un bolsito de cuero, regalo de mi esposa, el cual tiene recorrido y uso, y sigue tirando victorioso), mas lo que lo hace, algunas veces mal visto, es cuando la pobre e inocente mochila ocupa 1/2 espacio en el corredor del ómnibus. Mucha gente, y cada vez más gente, tiene la estrafalaria y sobre todo poco inteligente idea de subir con la mochila puesta, y si bien es cierto algunos se la sacan y la llevan colgando al lado, los más se la dejan en el espalda y así se genera una serie de inconvenientes: mochilazo en la cara a quien está sentado, trabar el paso en el corredor (ya suficientemente lleno), encima lo miran a uno con mala cara cuando uno está tratando de atrevesar esa cordillera de los Andes acostada. Otra que sentido común.
Lo peor es ver que, por un lado se trata de personas adultas que podrían entender la situación. Por el otro lado, se pueden ver a niños -con sus padres- que son los portadores, en este caso, es claro que la responsabilidad recae sobre esos desconsiderados que dicen llamarse padres. Y los estudiantes secundarios... eso es capítulo aparte... ¿quién le puede decir algo a un adolescente en ascenso? Pocos tienen la suerte de llegar a ellos sin que un conflicto se desencadene.
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