Cada día se aprecia una mayor dosis de violencia en casi todos los ámbitos. La calle, el trabajo. La televisión y la radio, y no olvidemos nuestra última adquisición: Internet, colaboran cual concurso en quien aporta su granito de arena. Nosotros, ya como pasivos nos vemos sometidos a dicha violencia, con riesgo de pasar al cuadro de los activos, dependiendo del "humor" con que nos "agarró" el día. Siendo activos, pues demás está decir el papel que jugamos.
Es común, me parece, encontrarnos en el correr del día con pequeños roces, o grandes también entre personas. El lenguaje se ha vuelto agresivo, intrusivo. Cada vez se escucha menos, no se trata de entender lo que otro quiere decir. En el trabajo, dependiendo de las funciones, parece como que uno está para trabar al otro. Y de todos aquellos que ejercen funciones con cierta "autoridad", parece ser que muchos se han eregido como "dictadores" de la función. Al mismo tiempo, desde la otra vereda, muchos actúan, como si todos fueran dictadores, y no prestán oídos a entender qué función la persona está cumpliendo. Todo ésto pensado desde la función como subordinados, es decir, recibiendo órdenes para cumplir y/o aplicar en el lugar de trabajo.
Hoy me sucedió algo que, si bien lamentablemente no es inusual, sí pone una marca en esa dosis de violencia creciente y flotante en el aire. Trabajo como portero, en el ingreso a un predio de "Acceso restringido", ergo, los ingresos son sólo con autorizaciones de la dirección general, amén de otras indicaciones que deben seguirse en cuanto a lo que está permitido ingresar al predio. Con estos precedentes, se acerca al ingreso una persona en un vehículo, por supuesto se le pregunta qué es lo que ingresa, la persona declara los objetos, víveres, y entre los mismos: licor. Licor... se le informa que el mismo no puede ser ingresado, por ser esas las directivas superiores, la persona protesta, y se le vuelve a explicar. Nuevamente protesta en forma más airada, otra vez explicación, en el mismo tono sin afectación. Además se le recuerda que anteriormente ya se le había informado de las directivas. Luego de unas protestas más, accede a dejar en licor en la entrada e ingresar con el resto. Al retornar, vuelve a una velocidad superior a la permitida en el predio (10 km/h), detiene el vehículo y cargando el licor, sin mirar a nadie profiere insultos, los cuales eran, por el tipo, claramente dirigidos a nosotros (2 personas), por parte nuestra no hubo ninguna reacción, porque simplemente... no me pagan para amargarme la existencia, sin embargo mi compañero, sí se siente afectado.
Es curioso... y en ésto enfoco lo del sentido común. Dicha persona, empleado como yo, obedeciendo órdenes de sus jefes, como yo, se siente en la necesidad de insultar, a otro que hace lo mismo que él. Es decir, no comprende o no quiere comprender que mi trabajo es ver que las directivas se respeten, el suyo entregar el producto, pero si él no entrega (porque no lo dejo pasar) el licor, es porque yo estoy haciendo mi trabajo, parece ser que soy yo el culpable de ello, cuando en realidad es un problema que las "jefaturas" deberán resolver entre ellas. Pero... ¿cómo hacerle comprender eso?
Tomar distancia y observar, observarse. Siendo trabajadores ambos, somos usados como herramientas. Si en el cumplimiento de nuestras funciones hay un choque o discordancia, entonces es sólo devolver el tema a los "jefes", para que entre ellos lo resuelvan, que después vendrán, como respuesta con lo que acordaron.
A nadie le pagan por amargarse, ya el sueldo en su "poquedad" es suficiente como cuota de amargura, entonces ¿para qué agregarle "extras" innecesarios y foráneos?
De seguro si la persona se hubiese directamente dirigido a mi, mi reacción hubiese sido algo diferente, de ninguna manera agresiva, sino displicente, más no se merecía.
Recuperando el sentido común
¿Cuánto sentido común está quedando entre nosotros? ¿Cómo vivimos las situaciones con su falta?
lunes, 18 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
Bendito viaje en ómnibus
Para aquellos para quienes el ómnibus es herramienta (casi como un mal) necesaria para llegar al trabajo, somos "víctimas" de una serie de pequeños avatares. Todas las mañanas, emprendemos la "carrera" hacia el trabajo. Algunas veces, dependiendo la hora, el ómnibus no para porque simplemente "está lleno", y cuando vemos, un poco desesperanzados pasar el mismo, podemos constatar que no estaba tan lleno, sino que la gente se "apelotona" en la primera mitad del mismo. Esa es una interesante falta de sentido común, porque bien esa misma gente puede pensar que uno de ellos mismos podría ser uno de esos desgraciados que ve pasar el ómnibus, sin ni siquiera hacer un "simulacro" de parar.
Argumentos he escuchado: "Qué pongan más ómnibus, no tenemos que ir apretados como ganado". Sí, es cierto, pero al mismo tiempo, "justos no tienen que pagar por pecadores". Sino más bien, ayudarnos entre nos, e igual plantear la protesta que incrementen la cantidad de unidades u otra solución.
Otra cosa que, en los últimos tiempos se está dando mucho, es los pasajeros con mochilas. Práctico implemento por cierto (personalmente uso un bolsito de cuero, regalo de mi esposa, el cual tiene recorrido y uso, y sigue tirando victorioso), mas lo que lo hace, algunas veces mal visto, es cuando la pobre e inocente mochila ocupa 1/2 espacio en el corredor del ómnibus. Mucha gente, y cada vez más gente, tiene la estrafalaria y sobre todo poco inteligente idea de subir con la mochila puesta, y si bien es cierto algunos se la sacan y la llevan colgando al lado, los más se la dejan en el espalda y así se genera una serie de inconvenientes: mochilazo en la cara a quien está sentado, trabar el paso en el corredor (ya suficientemente lleno), encima lo miran a uno con mala cara cuando uno está tratando de atrevesar esa cordillera de los Andes acostada. Otra que sentido común.
Lo peor es ver que, por un lado se trata de personas adultas que podrían entender la situación. Por el otro lado, se pueden ver a niños -con sus padres- que son los portadores, en este caso, es claro que la responsabilidad recae sobre esos desconsiderados que dicen llamarse padres. Y los estudiantes secundarios... eso es capítulo aparte... ¿quién le puede decir algo a un adolescente en ascenso? Pocos tienen la suerte de llegar a ellos sin que un conflicto se desencadene.
Argumentos he escuchado: "Qué pongan más ómnibus, no tenemos que ir apretados como ganado". Sí, es cierto, pero al mismo tiempo, "justos no tienen que pagar por pecadores". Sino más bien, ayudarnos entre nos, e igual plantear la protesta que incrementen la cantidad de unidades u otra solución.
Otra cosa que, en los últimos tiempos se está dando mucho, es los pasajeros con mochilas. Práctico implemento por cierto (personalmente uso un bolsito de cuero, regalo de mi esposa, el cual tiene recorrido y uso, y sigue tirando victorioso), mas lo que lo hace, algunas veces mal visto, es cuando la pobre e inocente mochila ocupa 1/2 espacio en el corredor del ómnibus. Mucha gente, y cada vez más gente, tiene la estrafalaria y sobre todo poco inteligente idea de subir con la mochila puesta, y si bien es cierto algunos se la sacan y la llevan colgando al lado, los más se la dejan en el espalda y así se genera una serie de inconvenientes: mochilazo en la cara a quien está sentado, trabar el paso en el corredor (ya suficientemente lleno), encima lo miran a uno con mala cara cuando uno está tratando de atrevesar esa cordillera de los Andes acostada. Otra que sentido común.
Lo peor es ver que, por un lado se trata de personas adultas que podrían entender la situación. Por el otro lado, se pueden ver a niños -con sus padres- que son los portadores, en este caso, es claro que la responsabilidad recae sobre esos desconsiderados que dicen llamarse padres. Y los estudiantes secundarios... eso es capítulo aparte... ¿quién le puede decir algo a un adolescente en ascenso? Pocos tienen la suerte de llegar a ellos sin que un conflicto se desencadene.
sábado, 2 de abril de 2011
Recuperemos el "sentido común"
¿Cuántas veces nos hemos encontrado pensando o diciendo, "qué falta de sentido común", cuando estamos o vivimos ciertas situaciones en la calle?
Justamente esas situaciones, agradables o desagradables, son las que podemos ir recopilando y comentando y así quizá ir "recuperando" el sentido común, aquel que pareciese estar en vías de extinción.
Llegar a una común definición de ese sentido, es quizá uno de los pasos que tendremos que ir dando, a manera de partida podríamos hacer uso de una definición que encontré por ahí: El sentido común describe las creencias o proposiciones que parecen, para la mayoría de la gente, como prudentes, sin depender de un conocimiento esotérico, investigación o estudio. ¿Interesante no? El sentido común responde a normas que facilitan la convivencia entre nosotros, muchas de ellas definidas dentro del marco cultural de nuestra sociedad.
Nuestra forma de dirigirnos a los demás, ¿cómo se ha modificado? Cuando subimos al ómnibus qué podemos apreciar como falta de sentido común, en la calle, en los mercados, dentro de los núcleos familiares, en nuestro centros de trabajo... y otras muchas situaciones que debo de estar omitiendo y por eso es este espacio, para que tratemos de dar las pautas para una Recuperación del sentido común.
Justamente esas situaciones, agradables o desagradables, son las que podemos ir recopilando y comentando y así quizá ir "recuperando" el sentido común, aquel que pareciese estar en vías de extinción.
Llegar a una común definición de ese sentido, es quizá uno de los pasos que tendremos que ir dando, a manera de partida podríamos hacer uso de una definición que encontré por ahí: El sentido común describe las creencias o proposiciones que parecen, para la mayoría de la gente, como prudentes, sin depender de un conocimiento esotérico, investigación o estudio. ¿Interesante no? El sentido común responde a normas que facilitan la convivencia entre nosotros, muchas de ellas definidas dentro del marco cultural de nuestra sociedad.
Nuestra forma de dirigirnos a los demás, ¿cómo se ha modificado? Cuando subimos al ómnibus qué podemos apreciar como falta de sentido común, en la calle, en los mercados, dentro de los núcleos familiares, en nuestro centros de trabajo... y otras muchas situaciones que debo de estar omitiendo y por eso es este espacio, para que tratemos de dar las pautas para una Recuperación del sentido común.
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